I
Al campesino, augurio de fe,
quisiera entregarte
llano, latente
nuestra zafra de dioses,
nuestra cesta de miel.
Campesino, nuestro jornal
es ajeno y nuestras uñas y deseo.
Vuestro fruto, venial.
Así que ven campesino,
con lágrimas y tierra,
que sangre pura es.
Pero temes a la mano
obscura,
que bordea la sierra
y dice ser su dueña.
II
La muerte nos golpea el pecho,
campesino.
Nos somete a su ser entero,
cual nube roja,
cual pueblo al falso cordero.
El desprecio y la hoja sucia
imágenes de muerte son.
Campesino, desenfunda
la lucha,
en la tierra hunde
tu azadón,
el desprecio nos consume,
nos mata en corazón.
III
Quiero combatir
con pasos de verbo
la simiente de la injusticia,
la vejez del dolor.
Quiero darte nuestra zafra
de inocencia
nuestra cesta de amor.
La duda e injusticia
imágenes de muerte son,
ven campesino
el odio nos consume
nos mata el corazón.
Sasta, un poeta desesperado
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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