Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)
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martes, 15 de septiembre de 2026

Biblioteca Central de Sierraversa (Diálogos)


Aquella noche Gayo encontró una puerta detrás de la última estantería que no tenía cerradura. Del otro lado ardían tres lámparas y dormían los siglos. Claude sostenía en sus manos un libro cerrado.

—¿Quién escribió esta página? —preguntó Gayo, mientras que Claude miraba la página.

—¿Quién escribió al que escribió?

Desde una ventana, una estrella dejó caer un poco de nieve y Atsu'al recogió la nieve entre sus manos.

—¿Es memoria lo que cae del cielo?

Diego Colomer permaneció en silencio, por lo que el silencio respondió antes que él; entonces apareció un árbol que tenía raíces de tinta y hojas de pergamino.

—¿Recuerdan los árboles a quienes descansaron bajo su sombra?

Gayo abrió su libreta pero no escribió. Una silla vacía comenzó a hablar:

—¿Dónde terminan los hombres cuando alguien todavía pronuncia sus nombres?

Nadie respondió; en la biblioteca, sin embargo, los libros comenzaron a abrirse: Heródoto levantó los ojos y Dante encendió una vela. Una mujer desconocida escribió una carta a la vez que un niño dibujó un camino y desde alguna habitación muy antigua alguien dijo:

—No somos pasado.

Entonces Gayo comprendió que la historia no caminaba detrás de ellos, caminaba con ellos. Y cuando cerró el último libro, escuchó que alguien, desde una página todavía sin escribir, preguntaba:

—¿Quién continuará?

Gayo sonrió y dejó la pluma sobre la mesa.


DIÁLOGOS

Sostienes en tus pequeñas manos

los astros, la hondura;

ellos caminan, fulguran y contienen, llanos,


la incandescencia de nervura.

Los prestos oídos largos

a palabras alquímicas en ardor y albura


de Fuegos que proceden de Argos

y enseñan a Esqueletos

el agua negra, a probar sombreros sin letargos.


Palabras que son escuchadas por abetos,

y consideradas por gusanos:


El Doctor:

¿Existe un Dios?

El Carpintero:

¿Habrá nacido de una catarata?

Una Mujer Desnuda:

¿Nos escucha?

El Lunático:

¿Su presencia, ante nosotros, está en pos?

Una Estrella:

¿Ora la humanidad neonata?

El Corredor:

¿Hoy será verde el arcoíris de lucha?

El Pilar sin Cabeza:

¿Apagó la vela el mundo?

Un Cardenal:

¿Guiará siervos con ojos de libélula?

El Mendigo:

¿Llenará manos con palabras?

El Soldado:

¿Sentirá la desesperación, cual errabundo?

Un Sombrero:

¿Sostendrá huesos sin médula?

El Pensador:

¿Acariciará la belleza en Glabras?

Un Niño:

“Así en la tierra o el lago de Como,

miles de ancianos gritan y urden

planes maltrechos, nuevos, sin aplomo.

Y en la torre de Farnese espera Dios sin desdén”.


El Poeta Gayo

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario