Aquella noche Gayo encontró una puerta detrás de la última estantería que no tenía cerradura. Del otro lado ardían tres lámparas y dormían los siglos. Claude sostenía en sus manos un libro cerrado.
—¿Quién escribió esta página? —preguntó Gayo, mientras que Claude miraba la página.
—¿Quién escribió al que escribió?
Desde una ventana, una estrella dejó caer un poco de nieve y Atsu'al recogió la nieve entre sus manos.
—¿Es memoria lo que cae del cielo?
Diego Colomer permaneció en silencio, por lo que el silencio respondió antes que él; entonces apareció un árbol que tenía raíces de tinta y hojas de pergamino.
—¿Recuerdan los árboles a quienes descansaron bajo su sombra?
Gayo abrió su libreta pero no escribió. Una silla vacía comenzó a hablar:
—¿Dónde terminan los hombres cuando alguien todavía pronuncia sus nombres?
Nadie respondió; en la biblioteca, sin embargo, los libros comenzaron a abrirse: Heródoto levantó los ojos y Dante encendió una vela. Una mujer desconocida escribió una carta a la vez que un niño dibujó un camino y desde alguna habitación muy antigua alguien dijo:
—No somos pasado.
Entonces Gayo comprendió que la historia no caminaba detrás de ellos, caminaba con ellos. Y cuando cerró el último libro, escuchó que alguien, desde una página todavía sin escribir, preguntaba:
—¿Quién continuará?
Gayo sonrió y dejó la pluma sobre la mesa.
DIÁLOGOS
Sostienes en tus pequeñas manos
los astros, la hondura;
ellos caminan, fulguran y contienen, llanos,
la incandescencia de nervura.
Los prestos oídos largos
a palabras alquímicas en ardor y albura
de Fuegos que proceden de Argos
y enseñan a Esqueletos
el agua negra, a probar sombreros sin letargos.
Palabras que son escuchadas por abetos,
y consideradas por gusanos:
El Doctor:
¿Existe un Dios?
El Carpintero:
¿Habrá nacido de una catarata?
Una Mujer Desnuda:
¿Nos escucha?
El Lunático:
¿Su presencia, ante nosotros, está en pos?
Una Estrella:
¿Ora la humanidad neonata?
El Corredor:
¿Hoy será verde el arcoíris de lucha?
El Pilar sin Cabeza:
¿Apagó la vela el mundo?
Un Cardenal:
¿Guiará siervos con ojos de libélula?
El Mendigo:
¿Llenará manos con palabras?
El Soldado:
¿Sentirá la desesperación, cual errabundo?
Un Sombrero:
¿Sostendrá huesos sin médula?
El Pensador:
¿Acariciará la belleza en Glabras?
Un Niño:
“Así en la tierra o el lago de Como,
miles de ancianos gritan y urden
planes maltrechos, nuevos, sin aplomo.
Y en la torre de Farnese espera Dios sin desdén”.
El Poeta Gayo
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
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