Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)

viernes, 31 de julio de 2026

Tristán de Saint-Joseph


"Cuando el tren partió, una mujer siguió llorando hasta que ya no pudo distinguir el último vagón."
Tristán de Saint-Joseph 
Desde Sierraversa 
Sociedad del Último Templario 


Tristán no espera un tren, está esperando un recuerdo... (Crónicas de Sierraversa)

Selene (por Borges)...



Por:
Antoine Montalboza
Fotografía
2018
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

 

Exigua balada del loco



Rahudy Roderici
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario 

 

Un par de Haikús... sobre las estaciones



"Pequeña ardilla.
Antes que mi pincel,
llegó el otoño."

"El perro ladra
una tarde naranja
de primavera."

Kome
Desde Sierraversa

 

jueves, 30 de julio de 2026

Dagoberto D'Facetis



"Muchos creen que Dagoberto fabrica artefactos, pero no es así.

Lo que realmente fabrica... 

...es esperanza para las cosas olvidadas."


Claude Mnémonez
Desde Sierraversa
 

Bazar Sūq al-Qamar


Dicen que los mercados nacieron para el comercio. Mienten. Hay mercados donde la moneda únicamente sirve para distraer a quienes todavía ignoran que lo verdaderamente valioso jamás ha tenido precio.

Entré buscando una taza... y salí con una estación del año.

Aquella tarde en el bazar Sūq al-Qamar, Azalea, que sostenía una infusión con la delicadeza con que otros sostienen un pájaro recién nacido, no parecía comprar objetos, parecía reconocerlos. Como si cada semilla hubiera estado aguardando exactamente esas manos.

Las bufandas colgaban del techo como pequeños fragmentos del cielo antiguo; las flores conversaban entre ellas y los frascos parecían conservar aromas de jardines que ya no existen. Y, sin embargo, el verdadero milagro no ocurría dentro del bazar, ocurría detrás de la ventana.

Allí, donde el jardín respiraba con la tranquilidad de quien ha olvidado la prisa, una mujer de cabellos blancos leía cartas viejas sin estudiarlas, las escuchaba. Como si aquellas hojas de papel todavía conservaran la voz de quienes las escribieron.

Entonces comprendí algo: los jardines son bibliotecas donde los libros florecen y las bibliotecas... son jardines donde las flores aprendieron a escribir. Quizá por eso Azalea sonríe tanto. Porque conoce un secreto que los eruditos solemos olvidar, que una flor también puede ser una respuesta y que una taza de té, preparada con paciencia, puede contener más filosofía que un centenar de tratados.

Cuando abandoné Sūq al-Qamar llevaba las manos vacías, pero regresé con el corazón lleno de hojas. Desde entonces sospecho que los bazares verdaderos no venden cosas.

Cultivan recuerdos.

Poeta Gayo

Desde Sierraversa


 

miércoles, 29 de julio de 2026

La Francesita


A Kim Chacón


Llegó a mi casa, casa de hospederos, una francesita. Hermosa como ramo de azucenas frescas. De unos quince años y ojos celestes; su piel de un color cenizo pálido, y hermosas formas redondeadas.

Su vestido parecía entrar en concordancia con las cenefas de la cortina siena de la sala y el recibidor. Donde mi madre los recibió, a su padre y a ella, con total agrado y conciencia aparente de acogerlos en nuestro hogar. Yo estaba acostumbrado, desde mi más tierna razón, a ver pasar por la casa a cientos de personas de distintas nacionalidades y aspectos de continente diversidad; pero esa mañana me aparentó estar ajeno a todo este trato.

Con la máxima naturalidad del mundo mamá acogió a la pareja, que de ángeles los podría llamar si se me preguntase tales en ese momento. El hombre muy feliz con la casa hizo gestos de satisfacción, como si hubiese recorrido todo el país en busca de ésta en particular. Sin ánimos de formalismos, mi madre los condujo hasta el sitio destinado para la niña, mientras yo, embobado y con cierto amodorramiento, miraba de reojo a mi francesita. Niña que acogí como mía desde el instante en que me regaló la presencia de sus celestiales ojos a mi vista.

Dos días después de su arribo, la francesita y yo habíamos intercambiado tan solo algunas miradas y conversaciones estúpidas sobre el clima, las flores en la época de lluvia y el estado centenario de la casa. Aún acallaba las rosas de mi confesión en mi garganta al referirme a la hermosísima niña.

Fue en una tarde, aún con el uniforme de mi escuela, que llegué incauto y decidido a dedicarle mis más sinceras palabras a la creatura etérea que vivía un piso más arriba de mi alcoba.

Toqué resueltamente con mi puño la puerta y esperé como si se tratara de las puertas del mismísimo cielo.

Ella acudió presurosa al umbral, embutida en un tierno camisón que aparentaba la comodidad de una íntima escena.

-Mi Francesita, –le dije- le pido de todo corazón me deje pasar y reciba de mí algunas palabras, simples, que no le quitarán a usted mucho tiempo.

Ella gustosa accedió a mi petición y me apoltronó en un cómodo diván mientras ella, despacio, encontraba su sitio en una silla frente a mi pálido semblante.

Tragándome el miedo y de forma segura le dije:

-Si me permite decirlo, yo soy el doble de francés que lo es usted y por tanto el doble de romántico que cualquier otro hombre que provenga de esa nación.

La niña, algo desconcertada, sonriendo se dirigió a mí con el típico y dulcísimo acento de la niña francesita de primavera:

- ¿Lo toma usted por cierto? ¿Y qué le hace pensar que es usted un francés por doble parecer y decirlo con tal donaire?

-Mire usted mi bandera, -respondí casi de inmediato- e imagínesela partida a lo largo. Es la bandera de Francia vista solamente por dos.

-Vaya, tiene usted toda la razón. Pero aún no me ha concertado que lo hace más romántico que un caballero francés.

-Fácil, la sinceridad con la que, humildemente he venido, la convencerán a usted y cualquier otro convidado, de lo apasionado que puedo explayar todo cuanto quiero decir.

En ese momento la niña pareció estar ansiosa de lo que iba a comunicarle.

Ciertamente me encontraba sumido en mis palabras, razón que me dio el antojo que el sol había descendido desde su cenit, con lo cual la escena adquirió un semblante más íntimo, más a resguardo de lo que ahí acontecía.

-Verá usted, mi Francesita –rompí el grave silencio- mis manos son pequeñas, no cuento con más de doce haberes en mi existencia, pero estas manos pueden ser su más fuerte apoyo ante la desolación y la frustración. Mis ojos no tienen la experiencia, sin embargo, son tan sagaces y enamorados, como si de un hombre maduro se tratara. Le entrego a usted hoy mi corazón; y mis haberes, todos, son con los que usted cuenta de aquí en adelante para que jamás se sienta sola y cuente que, si el destino no permite ciertos anhelos míos, con el amigo más leal y el servidor más vehemente.

La niña francesita acalló por varios segundos como pensando una respuesta y finalmente se inmutó acercándose a mí…

Su rostro y el mío, ambos en una cercanía tan mágica como el reflejo del rostro de un niño en una vidriera llena de chocolates, perecían mezclarse en un solo movimiento de ingenuidad y belleza. Su respiración era tan cálida como la brisa de un día de verano y los rizos que caían candorosamente por entre su cuello extendido y sus hombros esculpidos eran esa estancia de felicidad entre los rayos del sol. Sus ojos celestes, cuales gotas de rocío hacen embellecer el amanecer otoñal, me miraban con atención y ternura.

La francesita se acercó más y besó mis labios de niño, besó mi presencia de hombre solitario en el universo, y yo creíame rondando la felicidad por sus extremos más placenteros. Un beso que me catapultó hacía la cima de la montaña más próxima al cielo.

La bella efigie tornó, enseguida, a colocarse a mi lado en el diván; mientras, con movimientos suaves, deslizaba los cintos amarillos de su camisón a los costados de sus hombros, mismo que me permitió apreciar aquellos hermosos pechos virginales. Unos senos de francesita, pequeños y firmes y, aun así, móviles y gráciles. Movimiento encantador que respondí con un segundo beso en sus labios carmesí de tiernísimo dulzor.

Un Dios mismo acompañaba aquel despertar, aquella bienvenida al placer de mi vida…

Un sonido sordo nos despertó, nos avisó… Nos dijo que no estábamos solos en el mundo y presurosamente tornamos a despedirnos en la puerta; era mi madre quien llegaba recelosa haciendo sonar la puerta a su llegada.

Esa noche, mientras comía pan con leche en el comedor, vi pasar al padre de la francesita quien me saludó, como era normal, y se dirigió presto a donde se encontraba la niña. Esa noche no los vi más.

Al día siguiente, fiesta de San Llorente, no hice gala de mi presunción por más buenos que fueran mis logros con la niña de mis pensamientos. Debía guardar la serenidad necesaria para no causar ningún revuelo en casa, ni mucho menos de los exquisitos placeres que me regaló mi francesita en la visita que ocasioné en su alcoba. Pero torné a la desesperación cuando la exhortación de mi madre me percató de la desgracia. La incauta mujer dijo:

-El pobre de Jaques tuvo que salir huyendo de aquí. En la mañana. Tomó a su niña, y salieron por esa puerta a toda prisa. Según sé, el gobierno le busca a él y el muy desdichado, temiendo que lo encontrasen aquí, salió como alma que lleva el mismísimo diablo. Dejó el dinero de la renta sobre la misma mesa en la que comes, y me dejó el dinero de tres meses más de alquiler como agradecimiento. Pobre, pobres de él y de su hija.

Ay de mí. El destino es la peor de las madres y el mejor de los verdugos. La incandescencia del odio de los hombres nos había separado, y la mano de los ángeles se había olvidado de mi pobre alma. ¿Cuánta será la desdicha que pueda soportar el cuerpo de un ser humano? Las jugarretas del destino me antojaron las arenas de un reloj, y yo, en el fondo de esa máquina, me ahogaba más y más. Los instantes de los largos días eran, ahora para mí, el peso de una piedra sobre el pecho, y de la cual no podía liberarme…

Diez años después, y gracias a mis proyectos en la facultad de medicina que me permitieron realizar un viaje a Paris, en el Instituto de Ciencias Médicas. Mi beca me permitía apersonarme por tres años en dicha ciudad y gozar de cuanto estuviera a mi disposición para mi enseñanza. Mis profesores, sin lugar a duda, eruditos cada una en sus especialidades, fueron mis mentores, pero el destino fue el más cruel de todos ellos. Una mañana, un día antes de la fiesta de San Llorente, mientras paseaba y conversaba con uno de mis profesores me pareció ver a la mujer que otrora fue mi francesita. Al otro lado de la Rue Montmartre, subiéndose a una calesa de alquiler; si era ella. Mas no me dejaba engañar. La razón me ponía nuevamente los pies en la oscura tierra.

Por lo qué, y como suponéis bien, un médico no descarta alguna probabilidad sin antes una prueba de campo al respecto, o por lo menos cerciorarme de primera mano que no fuese lo que pensaba. Así que, en la fiesta de San Llorente acudí de nuevo a la Rue Montmartre, sí, a la misma hora. Tenía algún resquicio de esperanza, y si no fuese así, que la desdicha termine de acabar con lo poco iluso que pude llegar a ser en ese giro de mi vida.

Una media hora más tarde, y con un vaso de coñac a medio acabar, salió de la maison una efigie muy singular y de proporciones similares a las que corresponderían a mi francesita para ese momento, bueno algo que me había supuesto, o soñado en términos más exactos.

La joven, sin moverse más de lo debido, se dirigió nuevamente hacia la calesa de alquiler, que a mí la pereció la misma del día anterior, al momento en que disponía subirse a ella, alzó su mirada al instante mismo en que yo me levantaba súbitamente de mi asiento, mientras el vaso de coñac caía violentamente al suelo, ¡y era ella!…

Mi francesita estaba ante mí nuevamente, sonriéndome. 


 

Lucy (Isaura Sepúlveda)... Desde Sierraversa.


"Los símbolos también cuentan historias. Por eso, una vez que encuentran su forma, merecen permanecer."

Claude Mnémonez
Biblioteca de Sierraversa
 

martes, 28 de julio de 2026

Evangelina de las fuentes (análisis)


 

Azalea recitando "Evangelina de las fuentes"


EVANGELINA DE LAS FUENTES

Evangelina de las fuentes
y el descanso,
por ti que nace el papiro
de lenguas y nubes.
Evangelina de las fuentes
y el descanso
por ti, la estrella oculta
su belleza ajena.
Evangelina, tigres atraviesan el haz
de luz pintado de almas;
atraviesan las gargantas
de la sierra y sus gritos,
claman por justicia.
Eva, Evangelina danos
justicia, paz y follajes verdes.
De tus manos que el maná
se desborde
y sirva para alimentar a hombres azules.
Eva, alegría impávida;
dulce brisa de tela...
mi dulce brisa de papel.
Sabes, perenne es la marca
del amor,
de las agujas del reloj,
eternidad, ánfora y deseo.
Evangelina de las fuentes
y el descanso,
dulce serenidad,
manos de amor...
Eva, Evangelina plegarias de agua
justicia de la sierra
ha de caernos mientras nuestros hijos duermen,
mientras la arena,
celeste,
se eleva por el cielo;
mientras la joven sueña.
Sabes, un vendedor de frutas
pasó por aquí ayer;
el vendedor,
murió hoy y su fruta aún vive
en colores
de carne jugosa
de esperanza de tierra
y poesía agotada.
Eva, Evangelina...
Eva de las fuentes
y el descanso.


Colomé Bojorge
Desde Sierraversa 
Sociedad del Último Templario 

 

Antología de gritos



Mientras su gran amigo Kome lo lee, piensa:

Biblioteca en flor.
Antes que las palabras,
observa la luz.


Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario
 

La Biblioteca de Sierravera

 

Eir y Claude



"Todo tiene su tiempo y ese tiempo luego Sierraversa lo devuelve en poemas."

Rahudy Roderici
Desde Sierraversa

lunes, 27 de julio de 2026

En la biblioteca de Sierraversa...

 ¿Cuánto tiempo fue capaz de esperar una semilla?

¿Cuántas veces fue releída una carta?

¿Cuántos silencios fueron necesarios para escribir un buen verso?

¿Cuántas personas cambiaron después de escuchar una historia?


Eir Aven

Desde Sierraversa

No preguntes al árbol...

 No preguntes al árbol cuándo dará sombra.

No preguntes al río cuándo llegará al mar.

Las ciudades también tienen estaciones.

Y Sierraversa florece despacio,

porque sabe que los poemas

no nacen del apuro, cual Hestia paciente,

nace del tiempo que alguien estuvo dispuesto a regalarles.



Poeta Gayo

Sociedad del Último Templario

sábado, 25 de julio de 2026

Carta sin destinatario 🌿

Si alguna vez encuentras estas palabras, no pienses que fueron escritas para ti.

Fueron escritas para alguien que, como tú, creyó durante un tiempo que el silencio era una habitación vacía; después comprendió que el silencio también guarda sillas para quien necesita descansar.

No apresures tu regreso.

Las palabras conocen el camino mejor que nosotros.

🌿



Sociedad del Último Templario

La Orden de la Hoja Perenne 

Desde Sierraversa

Carta encontrada entre las páginas de un libro sin título 🌿

Eir Aven y Azalea

Dicen que las ciudades nacen cuando se coloca la primera piedra. No les creas. Las ciudades verdaderas nacen cuando dos personas encuentran un lugar donde conversar sin miedo a que el silencio las incomode; todo lo demás —las calles, las bibliotecas, los jardines y los nombres— llega después. Si alguna vez dudas de que Sierraversa existe, busca el lugar donde una conversación te hizo mejor de lo que eras antes de comenzarla.

Allí comienza siempre una ciudad.

🌿



"Las ciudades no se construyen con quienes nunca se marchan. Se construyen con quienes, después de cada ausencia, encuentran una razón para volver."

Eir Aven

viernes, 24 de julio de 2026

Y el Poeta Gayo responderá:

"Nadie la construyó solo. Unos imaginaron las calles, otros encendieron los faroles y otros aprendieron a caminar despacio para no despertar a los poemas."


Poeta Gayo

Desde Sierraversa 

Sociedad del Último Templario 

Vademécum cántiga



La noche en que la linterna se detuvo


Había salido al parque, como quien busca aire para un dolor que no es del cuerpo. Se sentó en la banca de siempre, las manos quietas sobre las rodillas, sin papel ni pluma —ya ni siquiera fingía llevarlos—. 
Sierraversa dormía a su alrededor con ese silencio antiguo de las ciudades que han visto pasar demasiados poetas.
No escuchó pasos. No hubo anuncio. Solo, de pronto, una tibieza a su espalda, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso y más cálido detrás de él. Sasta no se giró. Sabía —todos en la Sociedad lo sabían— buscar al Peregrino...

jueves, 23 de julio de 2026

Tristán de Saint-Joseph y Claude


 

Sierraversa

Toda ciudad necesita murallas para protegerse. Sierraversa eligió poemas.

El Peregrino de la Última Llama

Leyendas de Sierraversa



La leyenda del Peregrino de la Última Llama nos habla que, cuando un poeta lleva muchas noches sin escribir, nadie va a buscarlo. Esperan. Dicen que, antes del amanecer, una pequeña linterna recorre los adoquines. Si la luz se detiene frente a una ventana, todos saben que el Guardián de la Desesperación ha encontrado a otro poeta. A la mañana siguiente, siempre aparece un nuevo poema sobre el escritorio.

No es un dios, no es un museo. Es el que cuida el vacío. Ese espacio donde el poeta se siente estéril y el poema se niega. Su linterna no guía: contempla con compasión. Cuando se detiene, no es una condena, es una tregua.


Dame alma, Dios... Almaeisha y Ruhana


 

lunes, 20 de julio de 2026

Sobre mí

 



Por:
Antoine Montalboza
Fotografía
2014
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

 

ÁNIMA SOLITARIA, QUE EN SOPLIDO…

Ánima solitaria, que en soplido

lejano guarda

sueño de mármol pulido

sobre mi buharda.


Sueño distante de amor

cual candil,

paso final de un atanor

perfidia al alfil,


alfil que trueca guerra por paz,

y paz negada

por tristeza postrada sin fas,

ánima segada…

en cruel soplido, muere sin más.


Isaura Sepúlveda

Sociedad del Último Templario 

Vademécum cántiga


 

Tristán de Saint-Joseph. Sociedad del Último Templario


 

Kim Chacón. Sociedad del Último Templario


 

Rahudy Roderici. Sociedad del Último Templario


 

jueves, 16 de julio de 2026

Tauro


 

Canto XV (Mauro explica su visión de la paz) - Nobel de Paz

Replica Paz: -En lo que has presenciado no dudo. Verdad

tus ojos han sido testigos de ella, mas, no tienes carga

alguna sobre tus hombros, no han muerto por ti. Vanidad,

                                 Coro:

                                      En el tirano se esconde la guerra,

                                      entre sus palabras toda verdad


que lleva al hombre por camino violento; la lucha amarga

deviene en pena, la verdad aterra, mas, es así Mauro.-

El joven le mira y dice: -No es el sino lo añil, la adarga

                                 Coro:

                                      que destino tenaz del hombre encierra 

                                      en piedra angular de mortal piedad.


del combate es el mal en sí, el hombre es verdugo seguro

de la tierra cuando no conozca la luz de razón tenaz.

Al hombre lo mueve el hambre y al tirano la guerra por burgo,

                                 Coro:

                                      En el tirano se esconde la guerra,

                                      entre sus palabras toda verdad


ésta es la verdad y quiénes vivimos en carne la procaz

guerra no queremos jamás que se luche, en abyecta mira

por fines egoistas, ruin es aquel que en la lid eficaz


                                 Coro:

                                      que destino tenaz del hombre encierra 

                                      y en su largo camino hay identidad.


busca memoria. Por consejo material, vive en mentira

del tener, no del ser; cuando al desarrollo se llega: "siendo",

y estúpido es aquel que quiere guerra por real cadira.-

                                 Coro:

                                      En el tirano se esconde la guerra,

                                      entre sus palabras toda verdad


Sobre la ventana se posan los ojos de Paz: -"Teniendo"

no es la vía.- dice. Mauro asiente con tranquila verdad.

Román se queda sin voz, observando. Permuta por: "Siendo".

                                 Coro:

                                      que destino tenaz del hombre encierra 

                                      en piedra angular de mortal piedad.


Rahudy Roderici

Sociedad del Último Templario 

Acta de fundación