Sierraversa
sábado, 22 de agosto de 2026
La noche en que Castalia habló
miércoles, 19 de agosto de 2026
Una tarde, en el taller de Dagoberto...
En la Biblioteca Central de Sierraversa
Haikú del grillo
En Sierraversa existe un sendero que pocos recorren después del último toque de campana. Comienza detrás de la vieja estación, atraviesa los huertos de la ladera y se pierde entre los bosques que rodean la ciudad. Durante el día parece un camino cualquiera. Pero cuando cae la noche, las hojas se vuelven negras, la niebla baja desde las montañas y las luces de Sierraversa quedan atrás, pequeñas y doradas, como estrellas atrapadas entre las casas.
Los habitantes lo llaman el Camino Oscuro.
Kome descubrió su historia una noche de verano. Había salido de la Casa de Té La Ponderosa después de pasar horas escribiendo. Llevaba consigo un cuaderno, una lámpara pequeña y esa clase de cansancio que no viene del cuerpo, sino de haber pensado demasiado.
Al llegar al comienzo del sendero, escuchó un grillo. Una sola vez.
Kome se detuvo. Esperó. El grillo volvió a cantar.
Entonces recordó una antigua historia que le había contado Azalea años atrás: según la leyenda, cuando alguien escuchaba cantar a un grillo al comienzo de aquel camino, significaba que Sierraversa quería mostrarle algo que todavía no estaba preparado para comprender.
Kome sonrió.
—Qué manera tan extraña de invitar a alguien a caminar —murmuró.
Y siguió adelante. La lámpara apenas iluminaba las piedras húmedas. A ambos lados, los árboles parecían inclinarse sobre el sendero. De vez en cuando, podía distinguirse a lo lejos el resplandor de alguna ventana de la ciudad. Pero cuanto más avanzaba, menos escuchaba.
Hasta que la lámpara se apagó. El grillo volvió a cantar.
lunes, 17 de agosto de 2026
Porque me arden...
Porque me arden las fibras
y me rozan las venas.
Inquietan más de mil libras
los rostros en siena.
La tea
se enciende fugaz,
la tiran los hombres en librea
una tarde en solaz.
Colomé Bojorge
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
Poema Primero (de Profetas)
I
Al campesino, augurio de fe,
quisiera entregarte
llano, latente
nuestra zafra de dioses,
nuestra cesta de miel.
Campesino, nuestro jornal
es ajeno y nuestras uñas y deseo.
Vuestro fruto, venial.
Así que ven campesino,
con lágrimas y tierra,
que sangre pura es.
Pero temes a la mano
obscura,
que bordea la sierra
y dice ser su dueña.
II
La muerte nos golpea el pecho,
campesino.
Nos somete a su ser entero,
cual nube roja,
cual pueblo al falso cordero.
El desprecio y la hoja sucia
imágenes de muerte son.
Campesino, desenfunda
la lucha,
en la tierra hunde
tu azadón,
el desprecio nos consume,
nos mata en corazón.
III
Quiero combatir
con pasos de verbo
la simiente de la injusticia,
la vejez del dolor.
Quiero darte nuestra zafra
de inocencia
nuestra cesta de amor.
La duda e injusticia
imágenes de muerte son,
ven campesino
el odio nos consume
nos mata el corazón.
Sasta, un poeta desesperado
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
domingo, 16 de agosto de 2026
Haikú de la lluvia
Bajo la lluvia
una semilla brota.
Lugar lejano.
Kome
Desde Sierraversa (viaje a Costa Rica)
Sociedad del Último Templario
martes, 11 de agosto de 2026
BABA
domingo, 9 de agosto de 2026
El perro que brincaba hasta la Luna
A Mariel, mi hija,
que me enseñó
cuál era el perro
que brincaba
hasta la Luna
-Pero ¿cómo?- se preguntaban las gentes de la Villa. -¿Será
posible?-, asimismo se miraban perplejos los sabios del reino, y no se
quedaban atrás los bufones, los danzarines y las damas del hogar. Lo propio hacían,
los que palacio habitaban, sacando sus cabezas por la ventana para observar tan
extraño suceso.
-Esto es para que adorne la fuente de la Villa- dijeron las
gentes que ocupaban la plaza.
-No, no, no. Tan extraño fenómeno debe estar en un museo-
interrumpieron los sabios del reino, sin poder dejar de mirar.
-¡Un espectáculo!, debe de tener un espectáculo propio-
continuaron los bufones y danzarines.
Y las damas decían, casi en susurro: -su lugar es una
repisa sobre el hogar.
-Todos se equivocan,- gritaba el rey y quienes palacio
habitaban, -en los salones de mi castillo su estancia se encuentra,
naturalmente.-
-Pero... chocaría contra el techo su majestad- inquirieron
los sabios, mientras el rey en silencio quedaba al oír tan certero consejo.
-Y en un museo no se movería, por estar en una vitrina- se
dijeron las gentes.
Los bufones y danzarines dijeron a las gentes: -al adornar
la fuente de la plaza con el tiempo las personas se acostumbrarían a verlo y
pasaría a ser algo más.-
Las gentes acallaron por unos instantes hasta que, a las
damas del hogar se les ocurrió: -no todas las personas tienen el dinero para
ver tan excelso espectáculo- Entre todo este barullo, un vieja mujer se acercó
para ver las discusiones de los circundantes y los hechos que ahí acontecían.
La anciana, quien estaba en un extremo de la plaza y cansada de escuchar todo
aquello, se volvió, dando la espalda a los contendientes y en un tenue silbido
el perro, que daba aquel extraordinario espectáculo, cesó su ejercicio y se dirigió
hacia la anciana.
Quienes discutían calmaron sus eufóricos gritos, sus dedos
que señalaban y manotadas al aire para ver como el perro obedecía todo en
cuanto la anciana mandaba al animal.
-¿Cómo puede ser esto?- preguntaban ahora los sabios del
reino.
¿Qué poder tiene esta mujer para lograr que tan esbelto y
ágil perro pueda obedecer a su mano?- dijo el rey con voz altanera, mientras
las personas se acercaban cada vez más hacia la inválida mujer.
Todos se tropezaban con preguntas e increpaciones sobre lo
ocurrido. El perro, con la lengua afuera por su increíble demostración de
agilidad, descansaba sentado junto a la mujer quien, con la serenidad en su
rostro, se volvió y les dijo a las gentes:
-Este perro no es mío, no sé de quién es y menos sé por qué
está aquí.-
Todos se miraron atónitos al escuchar esto, y nuevamente
preguntaron furiosos:
¿Cómo es posible que éste animal no sea suyo?, ¿Entonces
por qué le obedece?, ¿Cómo sabe que él le iba a hacer caso a su llamado? y
muchas otras preguntas similares se escucharon esa noche en la plaza de la
Villa.
La anciana, aún con la serenidad en su rostro, continuó
callando a los demás:
-Pero, lo único que sé es por qué lo hace...-
La multitud quiso preguntar, casi al unísono, la razón del
fenómeno, pero la vieja mujer adivinó las caras de todos y les dijo:
-Este perro salta hasta la Luna para atraer con sus
acrobacias a todas las mujeres del reino, y escoger entre todas la más bella y
darle esto.- la mujer sacó de un fino collarín, alrededor del cuello del
animal, un papel doblado.
De inmediato, todas las mujeres del reino se abalanzaron a
primera fila haciendo gala de sus vestidos, peinados, alhajas y un sinfín de
artículos más, así como sus rostros, manos y cintura; algunas recitaban poesía
y otras hacían acrobacias, tratando de agradar al perro. Sin embargo la anciana
mujer empezó a caminar hasta inclinarse ligeramente en frente de una niña de
preciosos rizos y delicada sonrisa. -¿Cuál es tu nombre?- le dijo la mujer a la
niña.
-Mariel- contestó ella al llevarse las manos a su boca en
son de tierna timidez.
-Esto es para ti- dijo, entregándole el papel.
La niña lo abrió suavemente y en él leyó:
Para ti, mi amada niña.
Que nunca dejas de
estar en mi pensamiento
y contigo mi soledad
termina.
De tu papá, que vino a
contarte un pequeño cuento.
Rahudy Roderici
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
Cuando el tren parte del anden...
VIII.
Desengaño
de vivir como esclavos,
desengaño
de parir cielos.
No ha
venido nadie a alzar cruces y clavos.
Seguimos
atados con este camelo
que
nos ciega de la noche libre;
bella
como piel de tierna joven.
El
patrón opta por que no se estime
dolor.
Nosotros, el bien.
Diego Colomer
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
viernes, 7 de agosto de 2026
Vacío (antología de gritos) II
Aquella tarde, Sierraversa amaneció bajo la lluvia.
No era una lluvia violenta. Caía con una paciencia antigua sobre los tejados, los puentes y las hojas oscuras de los árboles. Desde los bosques que rodeaban la ciudad descendía una niebla fina, y las luces de las primeras casas comenzaban a encenderse una por una.
Gonzalo Urrutia caminaba solo; llevaba su abrigo oscuro, el cabello húmedo sobre la frente y las botas hundiéndose lentamente en el barro del sendero. No tenía prisa. Nunca la tenía cuando caminaba bajo la lluvia...
Poema en prosa a mi ciudad
Las ventanas del autobús me anuncian como azur, se esconden los brazos de una mujer de concreto; como azur, los ojos de fuente lloran día con día. Las ventanas del autobús me anuncian como esa mujer-diosa contiene los sufrimientos y las ardillas de los parques. La vieja chancera, la joven de las manzanas y niños con volantes parecen flotar con cada disparo de fotografía que un hombre hace, tratando de olvidar sus cincuenta años de piezas de amor olvidadas.
Con cada esquina y rincón ruinoso voy atendiendo a mi deseo, mis obscuridades, mi existencia ajada de soledad.
Un pequeño sol amarillo, que cuelga del cielo raso de un tienda, parece asirse de mi atención mientras a su oído digo:
"Me gustan las estructuras que por fuera parecen casas, pero en su interior un bodega son; me llenan esas miradas tristes de las ventanas, en los edificios más altos, cuando la lluvia las obliga a mirar hacia abajo. Rio al ver como esos niños de metal y cuatro ruedas juegan a perseguirse por la calles, como luces rojas los detienen en el tiempo, para salir corriendo un segundo después. Ese edificio mayor se esconde detrás de los escudos de casas-pulga, de casas con créditos e hipotecas, con madres de alabastro y caramelo. Sí, me gustan todas estas cosas".
Mis pasos de proletariado, de multitud solemne, de amor contenido no me niegan la belleza de un hogar. A mi llegada, mi mujer es todo atención y risas; en mi noche oscura, jardines verdes, madreselvas; a mi noche, cena y cama caliente.
Colomé Bojorge
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
jueves, 6 de agosto de 2026
Camino (dos poemas)...
NO NOS NACE...
No nos nace de entre las venas,
lo sentimos dentro de ellas;
es el sudor de savia entera
y madera
cual tronco horadado de pena.
No nos nace de entre las venas.
El raicero de ellas,
insertas en la tierra-carne
del hombre mortal
horadado en la faena,
No nos nace,
ramifica en venas
sabio éter en fugaz pena.
VAHÍDO
Dulce niña abandonada
por el tiempo cruel,
de su cartera caída
penden la cosmetiquera,
un espejo y la soledad ajada.
El libro sin leer y aromas de a tres,
nos esperan por doquier.
Ríe... ríe niña. Por primera vez.
Diego Colomer
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
lunes, 3 de agosto de 2026
OBIS o las memorias del viejo loco
A Azalea...
Mientras su mente repetía constantemente:
"Sol, sol, sol, sol, sol…", sus piernas y pies parecían haber tomado
posesión de su ser y por más que intentaba detenerse la inercia de su constante
movimiento hacia adelante no cesaba.
Geranio: "Sol, sol, sol, sol..." palabras
que continuaban taladrando en su pensamiento y el astro diurno no hacía acto de
presencia por ningún paraje.
La extenuación pronto dio lugar a las gotas de
sudor, de ese sudor que nos recuerda las tardes calurosas de verano. Pero él no
se daba por vencido, el sol era su meta y no vería reposo sino hasta dar con la
estrella. En ese instante una idea le asaltó a la cabeza; el sudor de su frente
era una inequívoca señal que su travesía pronto conocería un final.
Higuera: ya no era su mente la que repetía: "Sol,
sol, sol, sol...”, ¡era él! su deseo de encontrar el sol le había llevado a
repetir esas palabras como un mantra.
"Sol, sol, sol, sol..." bendecía y
gritaba. "Sol, sol, sol, sol..." gritaba y bendecía al tiempo en que,
inconscientemente, su caminar se transformaba en un leve trote y que
rápidamente se convirtió en los ágiles pasos de una carrera.
Huacatay: pronto, la expectativa de encontrar lo que
ansiaba tanto le llevó a tener inconsciencia en sus actos e inundaba su ser con
movimientos atontados y sin control: "Sol, sol, sol, sol..."
Hierba
buena: el destino no pudo más.
Con toda la fuerza de su correr cayó al suelo, hiriéndose la frente seriamente
y un doloroso corte en ella le había llevado a sangrar profusamente... Ahí
comprendió que había cometido el mismo error de su pueblo. Cayó al no ser consiente
del camino que transitaba, si tan solo hubiera abierto sus ojos, se habría dado
cuenta que el sol estaba allí, en frente de él...
"Sol, sol, sol, sol..." se lamentó
amargamente mientras la diosa estrella apagaba su fulgor para siempre.
Sociedad del Último Templario
I
Pero esa tarde fui empujado por no sé qué
fuerza
a caminar… es cierto, podría
decir que me llevaron los gatos,
los brazos que descienden de las iglesias y los
pechos de las madres,
pero la verdad está en mi pensamiento.
Las hojas de los árboles me acompañaron
a pasos lentos por la calzada. Mi pensamiento
no era otro, las hojas de los árboles me
acompañan.
Bien podría decirte que las mañanas de los
sábados miro caricaturas
y las tardes de los viernes paseo por Broadway,
Lisboa o Salónica,
pero no quiero llenarte de anécdotas, de luces
y otros deberes…
Mi buen amigo. Decirte que esta historia
empieza
de un modo tan simple
es como negarme a mí mismo,
como llenar el cielo azul con verde de la
paleta del pintor aficionado
y te confieso que tratar de conjeturar un
principio tan sencillo
embarga de pena mi alma.
No imagino a Ulises en semejante posición,
a Monsieur Dupin, descendiente de noble cuna,
siendo martirizado
por un génesis tan ordinario
pero trato de calmar mi conciencia al creer que
el inicio de toda secuoya siempre es el mismo
suelo,
la tierra misma…
así que, como luz perenne, mientras mis
entrañas gritaban silentes,
la casa, de un tono blanco extraño para mí,
apareció ente mis ojos. Contando historias.
Y como el viejo marinero, que en cada puerto
despide
deseos, flores, recuerdos y astucias,
la casa colgaba triste de una esquina olvidada
por la ciudad
colgaba de los recuerdos y las vigas, antaño
lustrosas,
hoy vetustos enseres que viajan en el tiempo.
Empezamos por el inicio mi amigo.
Mi nombre es...
Mi nombre es... Lo siento, debí olvidarlo lejos
de aquí.
Pero sí puedo decirte que soy Idrissa,
que soy sólo yo, nadie más... Perdón
nuevamente,
soy yo y mi alma, aun cuando siento, en varias
ocasiones,
que es una carga en mí.
II
Volvamos y te relato,
el recuerdo de aquella vieja casa esquinera. Golpeteaba
en mis sienes, en mis manos y uñas;
en mis ojos y lágrimas.
Ahora sé que Dios no está aquí,
que el UNO plotínico y el TRINO cristiano
es perfectamente accesible en la metafísica
del átomo.
Pero no te confundas amigo,
aún sigo sin creer.
Sasta, un poeta desesperado
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
domingo, 2 de agosto de 2026
Azur, cuarteto I
En la noche del agua negra
visitamos la morada, de amor protervo,
lamentable sentimiento sin legra
que tiño los ojos del cuervo.
Pero imperante, el buscar recóndito
aquel azur, diestra flama eterna.
Que cae del dintel y cubre el amito,
para gritar al Mar de Averna:
¡Cubre las manos padecidas de la obscuridad!
Y el pronto cobijar, del amor naciente,
con tiznes brumosos, por manos del abad;
lapislázuli feroces, aquel diciembre doliente.
Clión, un Duende
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario






