Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)

domingo, 9 de agosto de 2026

El perro que brincaba hasta la Luna



A Mariel,  mi hija,

que me enseñó

cuál era el perro

que brincaba

hasta la Luna

 

 

-Pero ¿cómo?- se preguntaban las gentes de la Villa. -¿Será posible?-, asimismo se miraban perplejos los sabios del reino, y no se quedaban atrás los bufones, los danzarines y las damas del hogar. Lo propio hacían, los que palacio habitaban, sacando sus cabezas por la ventana para observar tan extraño suceso.

-Esto es para que adorne la fuente de la Villa- dijeron las gentes que ocupaban la plaza.

-No, no, no. Tan extraño fenómeno debe estar en un museo- interrumpieron los sabios del reino, sin poder dejar de mirar.

-¡Un espectáculo!, debe de tener un espectáculo propio- continuaron los bufones y danzarines.

Y las damas decían, casi en susurro: -su lugar es una repisa sobre el hogar.

-Todos se equivocan,- gritaba el rey y quienes palacio habitaban, -en los salones de mi castillo su estancia se encuentra, naturalmente.-

-Pero... chocaría contra el techo su majestad- inquirieron los sabios, mientras el rey en silencio quedaba al oír tan certero consejo.

-Y en un museo no se movería, por estar en una vitrina- se dijeron las gentes.

Los bufones y danzarines dijeron a las gentes: -al adornar la fuente de la plaza con el tiempo las personas se acostumbrarían a verlo y pasaría a ser algo más.-

Las gentes acallaron por unos instantes hasta que, a las damas del hogar se les ocurrió: -no todas las personas tienen el dinero para ver tan excelso espectáculo- Entre todo este barullo, un vieja mujer se acercó para ver las discusiones de los circundantes y los hechos que ahí acontecían. La anciana, quien estaba en un extremo de la plaza y cansada de escuchar todo aquello, se volvió, dando la espalda a los contendientes y en un tenue silbido el perro, que daba aquel extraordinario espectáculo, cesó su ejercicio y se dirigió hacia la anciana.

Quienes discutían calmaron sus eufóricos gritos, sus dedos que señalaban y manotadas al aire para ver como el perro obedecía todo en cuanto la anciana mandaba al animal.

-¿Cómo puede ser esto?- preguntaban ahora los sabios del reino.

¿Qué poder tiene esta mujer para lograr que tan esbelto y ágil perro pueda obedecer a su mano?- dijo el rey con voz altanera, mientras las personas se acercaban cada vez más hacia la inválida mujer.

Todos se tropezaban con preguntas e increpaciones sobre lo ocurrido. El perro, con la lengua afuera por su increíble demostración de agilidad, descansaba sentado junto a la mujer quien, con la serenidad en su rostro, se volvió y les dijo a las gentes:

-Este perro no es mío, no sé de quién es y menos sé por qué está aquí.-

Todos se miraron atónitos al escuchar esto, y nuevamente preguntaron furiosos:

¿Cómo es posible que éste animal no sea suyo?, ¿Entonces por qué le obedece?, ¿Cómo sabe que él le iba a hacer caso a su llamado? y muchas otras preguntas similares se escucharon esa noche en la plaza de la Villa.

La anciana, aún con la serenidad en su rostro, continuó callando a los demás:

-Pero, lo único que sé es por qué lo hace...-

La multitud quiso preguntar, casi al unísono, la razón del fenómeno, pero la vieja mujer adivinó las caras de todos y les dijo:

-Este perro salta hasta la Luna para atraer con sus acrobacias a todas las mujeres del reino, y escoger entre todas la más bella y darle esto.- la mujer sacó de un fino collarín, alrededor del cuello del animal, un papel doblado.

De inmediato, todas las mujeres del reino se abalanzaron a primera fila haciendo gala de sus vestidos, peinados, alhajas y un sinfín de artículos más, así como sus rostros, manos y cintura; algunas recitaban poesía y otras hacían acrobacias, tratando de agradar al perro. Sin embargo la anciana mujer empezó a caminar hasta inclinarse ligeramente en frente de una niña de preciosos rizos y delicada sonrisa. -¿Cuál es tu nombre?- le dijo la mujer a la niña.

-Mariel- contestó ella al llevarse las manos a su boca en son de tierna timidez.

-Esto es para ti- dijo, entregándole el papel.

La niña lo abrió suavemente y en él leyó:


Para ti, mi amada niña.

Que nunca dejas de estar en mi pensamiento

y contigo mi soledad termina.

De tu papá, que vino a contarte un pequeño cuento.


Rahudy Roderici

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario


 

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