Las ventanas del autobús me anuncian como azur, se esconden los brazos de una mujer de concreto; como azur, los ojos de fuente lloran día con día. Las ventanas del autobús me anuncian como esa mujer-diosa contiene los sufrimientos y las ardillas de los parques. La vieja chancera, la joven de las manzanas y niños con volantes parecen flotar con cada disparo de fotografía que un hombre hace, tratando de olvidar sus cincuenta años de piezas de amor olvidadas.
Con cada esquina y rincón ruinoso voy atendiendo a mi deseo, mis obscuridades, mi existencia ajada de soledad.
Un pequeño sol amarillo, que cuelga del cielo raso de un tienda, parece asirse de mi atención mientras a su oído digo:
"Me gustan las estructuras que por fuera parecen casas, pero en su interior un bodega son; me llenan esas miradas tristes de las ventanas, en los edificios más altos, cuando la lluvia las obliga a mirar hacia abajo. Rio al ver como esos niños de metal y cuatro ruedas juegan a perseguirse por la calles, como luces rojas los detienen en el tiempo, para salir corriendo un segundo después. Ese edificio mayor se esconde detrás de los escudos de casas-pulga, de casas con créditos e hipotecas, con madres de alabastro y caramelo. Sí, me gustan todas estas cosas".
Mis pasos de proletariado, de multitud solemne, de amor contenido no me niegan la belleza de un hogar. A mi llegada, mi mujer es todo atención y risas; en mi noche oscura, jardines verdes, madreselvas; a mi noche, cena y cama caliente.
Colomé Bojorge
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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