Un día, un hombre encontró la verdad y la sostuvo entre sus manos y, maravillado, pensó:
—Por fin la tengo. Ahora sé cómo son las cosas.
Con el tiempo, comenzó a mirar a los demás. Quien pensaba diferente estaba equivocado. Quien dudaba, era débil. Quien cuestionaba su verdad, se convertía en enemigo. Sin darse cuenta, dejó de buscar la verdad, ahora solo buscaba tener razón y quizá ahí comenzó su verdadero extravío. Porque el mayor peligro no es no conocer la verdad, sino creer que somos sus únicos dueños.
La verdad, cuando se convierte en propiedad, deja de ser una búsqueda y se transforma en una frontera. Detrás de esa frontera, muchas veces, nace el fanatismo; tal vez la sabiduría no consiste en decir “yo tengo la verdad”, sino en conservar siempre la humildad de preguntar: “¿y si estoy equivocado?”
Rahudy Roderici
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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