Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)

martes, 11 de agosto de 2026

De Profetas... Poema cuarto

 


Rahudy Roderici
Desde Sierraversa 
Sociedad del Último Templario 

BABA



BABA
Poema dedicado a Zimbabwe y su pueblo, 
que aún lucha valientemente.


El viento dulce entra
por la ventana
y hace mecer el humo
de nuestro café.
Sentados a una mesa:
"Baba, cuéntanos una vez más."

Las armas y los oboes
nacían de la tierra
cuando aún eramos muy jovenes,
pero la justicia y el amor
ocupaban nuestro hogar
cuando ustades luchaban, Baba.

La batalla llenaba
de flores dulces 
las bocas de los padres,
mientras las mujeres
huían del calor
de las balas. ¡Cuantas balas!

Pero cuéntanos, Baba
del valor que corría
por sus venas al proteger
a sus mujeres y sus niños
del calor de las balas.
¡Muchas balas!

El olor del café
inunda cada rincón
del hogar y trae recuerdos
a tu memoria, Baba.
Ahora, nuestras luchas
serán recuerdos un día,

pero qué dulces las flores
que entran por la ventana,
con olor a café.
Y las madres y los niños
serán libres Baba,
lo serán.

El sol saldrá cada mañana
trayendo consigo
el amor, la paz y el sonido
de los cantos de los dioses
de la tierra.
¡Nuestra tierra bendita!


Antoine Montalboza
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario


 

domingo, 9 de agosto de 2026

El perro que brincaba hasta la Luna



A Mariel,  mi hija,

que me enseñó

cuál era el perro

que brincaba

hasta la Luna

 

 

-Pero ¿cómo?- se preguntaban las gentes de la Villa. -¿Será posible?-, asimismo se miraban perplejos los sabios del reino, y no se quedaban atrás los bufones, los danzarines y las damas del hogar. Lo propio hacían, los que palacio habitaban, sacando sus cabezas por la ventana para observar tan extraño suceso.

-Esto es para que adorne la fuente de la Villa- dijeron las gentes que ocupaban la plaza.

-No, no, no. Tan extraño fenómeno debe estar en un museo- interrumpieron los sabios del reino, sin poder dejar de mirar.

-¡Un espectáculo!, debe de tener un espectáculo propio- continuaron los bufones y danzarines.

Y las damas decían, casi en susurro: -su lugar es una repisa sobre el hogar.

-Todos se equivocan,- gritaba el rey y quienes palacio habitaban, -en los salones de mi castillo su estancia se encuentra, naturalmente.-

-Pero... chocaría contra el techo su majestad- inquirieron los sabios, mientras el rey en silencio quedaba al oír tan certero consejo.

-Y en un museo no se movería, por estar en una vitrina- se dijeron las gentes.

Los bufones y danzarines dijeron a las gentes: -al adornar la fuente de la plaza con el tiempo las personas se acostumbrarían a verlo y pasaría a ser algo más.-

Las gentes acallaron por unos instantes hasta que, a las damas del hogar se les ocurrió: -no todas las personas tienen el dinero para ver tan excelso espectáculo- Entre todo este barullo, un vieja mujer se acercó para ver las discusiones de los circundantes y los hechos que ahí acontecían. La anciana, quien estaba en un extremo de la plaza y cansada de escuchar todo aquello, se volvió, dando la espalda a los contendientes y en un tenue silbido el perro, que daba aquel extraordinario espectáculo, cesó su ejercicio y se dirigió hacia la anciana.

Quienes discutían calmaron sus eufóricos gritos, sus dedos que señalaban y manotadas al aire para ver como el perro obedecía todo en cuanto la anciana mandaba al animal.

-¿Cómo puede ser esto?- preguntaban ahora los sabios del reino.

¿Qué poder tiene esta mujer para lograr que tan esbelto y ágil perro pueda obedecer a su mano?- dijo el rey con voz altanera, mientras las personas se acercaban cada vez más hacia la inválida mujer.

Todos se tropezaban con preguntas e increpaciones sobre lo ocurrido. El perro, con la lengua afuera por su increíble demostración de agilidad, descansaba sentado junto a la mujer quien, con la serenidad en su rostro, se volvió y les dijo a las gentes:

-Este perro no es mío, no sé de quién es y menos sé por qué está aquí.-

Todos se miraron atónitos al escuchar esto, y nuevamente preguntaron furiosos:

¿Cómo es posible que éste animal no sea suyo?, ¿Entonces por qué le obedece?, ¿Cómo sabe que él le iba a hacer caso a su llamado? y muchas otras preguntas similares se escucharon esa noche en la plaza de la Villa.

La anciana, aún con la serenidad en su rostro, continuó callando a los demás:

-Pero, lo único que sé es por qué lo hace...-

La multitud quiso preguntar, casi al unísono, la razón del fenómeno, pero la vieja mujer adivinó las caras de todos y les dijo:

-Este perro salta hasta la Luna para atraer con sus acrobacias a todas las mujeres del reino, y escoger entre todas la más bella y darle esto.- la mujer sacó de un fino collarín, alrededor del cuello del animal, un papel doblado.

De inmediato, todas las mujeres del reino se abalanzaron a primera fila haciendo gala de sus vestidos, peinados, alhajas y un sinfín de artículos más, así como sus rostros, manos y cintura; algunas recitaban poesía y otras hacían acrobacias, tratando de agradar al perro. Sin embargo la anciana mujer empezó a caminar hasta inclinarse ligeramente en frente de una niña de preciosos rizos y delicada sonrisa. -¿Cuál es tu nombre?- le dijo la mujer a la niña.

-Mariel- contestó ella al llevarse las manos a su boca en son de tierna timidez.

-Esto es para ti- dijo, entregándole el papel.

La niña lo abrió suavemente y en él leyó:


Para ti, mi amada niña.

Que nunca dejas de estar en mi pensamiento

y contigo mi soledad termina.

De tu papá, que vino a contarte un pequeño cuento.


Rahudy Roderici

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario