En su habitación, Lucy permanecía sentada frente al escritorio, con una taza de café ya frío y el manuscrito de Ne Cours Pas abierto ante ella. Junto a la ventana, la ciudad brillaba bajo las últimas luces de sus faroles.
Releyó una de sus composiciones. "Yo sólo te llamo Libertad", murmuró, deteniéndose en el último verso de Dulce café. Sonrió. Aquel poema había nacido de una inquietud íntima, de la extraña sensación de escuchar a una multitud llamar a alguien mientras ella buscaba otro nombre, uno que no perteneciera a nadie. Por un instante imaginó a dos pequeñas figuras caminando juntas por una calle interminable, una llevaba en las manos los frutos de la tierra; la otra, una bandera todavía sin conquistar.
Recordó entonces que el café podía tener dulzura, pero también guardar el cansancio de quienes lo cultivaban, la dureza de los caminos y las esperanzas de pueblos enteros. Bebió un sorbo de su taza. Estaba amargo.
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AMARGO CAFÉ
Pero para hacernos contigo,
el camino ha sido largo,
agreste, con vértigo.
Latinoamérica acude sin letargo,
en primera fila, si se quiere,
a luchar por la niña-café
por la niña-libertad.
Lucy (Isaura Sepúlveda)
De: Ne Cours Pas
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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