Afuera, Sierraversa parecía suspendida en una quietud dorada. Sin embargo, Kim no miraba la ciudad. Sobre la mesa había dejado un pequeño mapa de Centroamérica. Sus ojos se detenían una y otra vez en Nicaragua. Había leído noticias, escuchado testimonios y guardado silencios que no sabía cómo transformar en palabras. ¿Qué podía decir alguien que contemplaba desde lejos el dolor de otro pueblo?
Escribió: «Isla del paraíso, atada al continente». Se detuvo. La frase le pareció extrañamente triste. Continuó escribiendo sobre el sufrimiento, sobre aquella tierra que parecía haberse quedado a la deriva. Por momentos apoyaba la pluma y contemplaba el paisaje detrás del ventanal, como si buscara allí una respuesta que la biblioteca no podía ofrecerle.
El sol comenzó a desaparecer detrás de los tejados. Kim cerró el cuaderno con cuidado. En la cubierta escribió una sola palabra:
OGIGIA.
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OGIGIA
Al pueblo nicaragüense
Isla del paraíso,
atada al continente
que oculta estás
a la deriva
en tu sufrimiento,
en tu dolor;
creas en mí
un dulce sentimiento.
Nicaragua, a ti
te hablo.
Con solicitud de perdón
en la garganta
y clamor en la voz,
este hijo
de la tierra del sur,
te dice en voz tímida:
"Nicaragua, como Lázaro,
no estás muerta,
sino... dormida."
Kim Chacón
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario
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