Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)

domingo, 18 de octubre de 2026

Canto I (de Nobel de Paz)



Aquel día, el sol desapareció sobre San José. Una nube oscura cubrió el cielo y la ceniza descendió sobre los tejados, las plazas y los caminos. Hombres y mujeres ocultaron sus rostros, mientras el volcán imponía su silencio sobre la capital. Durante horas, nadie supo si aquella oscuridad era el castigo de los dioses o el anuncio de una desgracia que la tierra llevaba siglos preparando.

Pero cuando el cielo comenzó a despejarse, los habitantes descubrieron que no solo las calles habían quedado cubiertas. También las historias yacían bajo el polvo: voces que nadie se atrevía a repetir, testimonios que algunos preferían negar y nombres que amenazaban con desaparecer de los libros. Los poetas comprendieron entonces que la tragedia no terminaría cuando cesara la caída de ceniza. Habría que luchar para que la verdad sobreviviera a quienes quisieran enterrarla.

Desde entonces, los ancianos enseñaron a los jóvenes que toda tierra guarda dos memorias, la que permanece escrita y la que sobrevive en el corazón de sus gentes. Y aunque el volcán continuara alzándose sobre Costa Rica como un dios antiguo, hubo quienes recogieron las palabras dispersas y juraron devolverlas al mundo. Porque la ceniza puede cubrir una ciudad, pero solo el olvido consigue sepultar su historia.


Lucy

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario


Canto I

La tierra cubierta

 

En los tiempos cuando, sobre la capital, postró la sombra,

una nube negra, ocultando los rayos brillantes del sol

y sobre las calles caía la ceniza que el Hades nombra,

                                 Coro:

                                      De naturis, lucha de abstersión

                                      es del hombre, sombra del corazón.

 

hombres y mujeres, su rostro cubrían del sino en bemol

que el volcán, culpable, calló los bardos en su Costa Rica

para conmoción de manos mortales, de verdad en crisol.

                                 Coro:

                                      De naturis, lucha de abstersión

                                      es del hombre, sombra del corazón.

 

Cuando la falta del oro, la versión según modifica

el lector y al testigo, empero es verás aquí lo plasmado;

así la historia negada de los libros, el sino implica.

                                 Coro:

                                      De naturis, lucha de abstersión

                                      es del hombre, sombra del corazón.

 

Sobre la tarde en la ciudad, son las palabras, cual pasado,

las que corren como murmullo de queja rara silente,

como jugarreta en las arenas de Cronos, lejos dado,

                                 Coro:

                                      De naturis, lucha de abstersión

                                      es del hombre, sombra del corazón.

 

paraíso azul en que el alma renace fiel, continente.

En San José, se conoció revés filosofía mártir

y la paz, cuando en los tiempos de la sombra negra presente

                                 Coro:

                                      Cual dios, el volcán eterno recorre

                                      el corazón que el hombre socorre.

 

cubrió los caminos de ceniza, capital sin aferir,

sus historias ocultas tiradas por doquier como sombras

que el volcán otorgó a las gentes, del cielo cual fiel emir.

                                 Coro:

                                      Cual dios, el volcán eterno recorre

                                      el corazón que el hombre socorre.

 

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