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Sociedad del Último Templario: un legado de una ciudad que escribe
Hay fotografías en las que uno reconoce los rostros de sus compañeros y otras en las que, además, descubre algo de sí mismo. Al contemplar esta imagen de la Sociedad del Último Templario, me encuentro entre ambas posibilidades.
Allí estamos. Cada uno con sus propias inquietudes, sus lecturas, sus manuscritos y esa particular manera de acercarse a la poesía que, con el paso del tiempo, hemos aprendido a reconocer y apreciar. Algunos parecen absortos en sus libros; otros escriben, conversan o contemplan el mundo que se extiende a nuestro alrededor. Yo también estoy allí, compartiendo con ellos ese instante que, sin saberlo, quizá algún día recordaremos con especial afecto.
Nunca he pensado que una sociedad literaria deba reunir a personas que piensen de idéntica manera. Si algo he aprendido entre estos compañeros es que la verdadera afinidad no exige uniformidad. Cada poeta llega con una historia distinta, con sus propias preguntas y con una sensibilidad que no siempre encuentra correspondencia inmediata en los demás. Sin embargo, cuando existe disposición para escuchar, esas diferencias dejan de ser distancias y se convierten en posibilidades de encuentro.
Los libros que nos acompañan en esta fotografía representan mucho más que nuestras lecturas. En sus páginas habitan voces que nos precedieron y que continúan participando, de alguna manera, en nuestras conversaciones. A menudo he dicho que ninguna biblioteca permanece verdaderamente en silencio, que siempre hay alguien esperando ser escuchado entre sus estantes. Quizá lo mismo pueda decirse de nuestra Sociedad.
Al fondo se encuentra Sierraversa, nuestra ciudad. Sus edificios, sus jardines y las luces que comienzan a encenderse forman parte de esta pequeña memoria compartida. No somos visitantes de un mundo ajeno, pertenecemos a sus calles, a sus costumbres y a las historias que sus habitantes escriben, incluso cuando no son conscientes de ello.
Al mirar esta imagen, no pienso únicamente en los poetas que aparecen en ella. Pienso también en las conversaciones que la precedieron, en los versos que todavía no hemos escrito, en las discrepancias que nos permitirán aprender y en las amistades que, con el tiempo, han terminado por convertirse en una parte entrañable de nuestra existencia.
No sé cuánto podrá contar esta fotografía a quienes no conocen nuestra historia. Pero nosotros sabemos lo que hay detrás de ella. Y acaso eso sea suficiente.
Ningún poeta escribe solo; detrás de cada verso caminan siglos enteros.
El Poeta Gayo
Crónicas de Sierraversa
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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