Azalea:
Te envío este escrito porque, mientras lo terminaba, pensé en ti. No sabría decirte exactamente por qué.
Quizá porque hay personas a quienes uno puede confiarles ciertas palabras sin necesidad de explicar de dónde vienen.
No pretendo que estés de acuerdo conmigo. Tampoco sé si lo que he escrito tiene alguna respuesta. Tal vez solamente necesitaba ponerlo en palabras. Léelo cuando tengas tiempo. Y si alguna de estas líneas te resulta demasiado triste, perdóname.
A veces uno escribe sobre el sufrimiento porque no encuentra otra manera de hablar del amor.
Kim
Prolegómeno al sufrimiento
Quizá la razón no da cabida a que el sentimiento natural, netamente humano o que nace del instinto, sea el que dé el punto de inicio al quehacer mundano y, por tanto, diario en la vida del hombre. Y es en este acápite que el paradigma entre razón e instinto contempla su punto más álgido.
Ilustrando el parágrafo anterior, el tema del amor nos salta a la vista. No hago uso de los recursos ensayísticos para tratar de abordar el sufrimiento, sin embargo y conviniendo más acertadamente al elegir el tema del amor ya que, si bien no todo sufrimiento nace propiamente de éste, sé que los amantes, los seguidores del género romántico y los propios románticos, así como quienes dan forma a la poesía lírica, serán fieles adeptos, al igual que lo soy yo, que éste último nace en la mayoría de las situaciones diarias a causa del amor.
El sufrimiento, en su manifestación más pragmática, nubla la visión global de la persona y lo lleva a interponer, inequívocamente, el pesimismo por encima de toda situación real.
Éste, le conduce a sintetizar el hedonismo y la pérdida del placer, en la lucha convergente encausada a tratar de alcanzar el ideal propuesto, es un amplio abanico de expectativas que dé ante esta posibilidad de amar. Se idealiza al sujeto amado en una serie de aspectos de la vida propia para llenar o satisfacer el deseo de amar, sin embargo, en la primera demostración de un resultado contrario al esperado se entra en cuenta la decepción, que más tarde, y maltratada mentalmente, cae en el sufrimiento. Ahora bien, la decepción no entra o nace propiamente del sujeto amado, las condiciones en que se desenvuelve la relación amorosa influyen directamente en los resultados hedónicos.
Y es, por tanto, en la frustración y el sufrimiento naciente de una relación trágica que se alcanza paradójicamente el final del éxtasis que encanta al espectador. La tragedia mueve más adeptos que el romance como tal. Y confío ciegamente en un número porcentual mayor de quienes esperan la tragedia en el tema del amor que el simple y mero final de un cuento de hadas.
Ante estas afirmaciones mi alma libre ve una débil luz cuando el sufrimiento ha vestido mi piel y calzado mis huesos.
Kim Chacón
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

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