Sierraversa

"Mientras que las ciudades de la antigüedad se erigieron sobre cimientos de piedra y las grandes civilizaciones articularon su continuidad a través de la memoria institucional, el devenir histórico de Sierraversa revela una anomalía fundamental: el asentamiento no se sostiene por el rigor de sus fortalezas ni por la acumulación de su pasado, sino por la persistencia de un reducto humano que custodia un postulado ético y estético; la convicción profunda de que el lirismo y la palabra poética poseen la fuerza vinculante para transformar, de manera irreversible, la cosmovisión y el registro sensible de la condición humana..." (Poeta Gayo, Desde Sierraversa)

domingo, 9 de agosto de 2026

Cuando el tren parte del anden...


VIII.

Desengaño de vivir como esclavos,

desengaño de parir cielos.

No ha venido nadie a alzar cruces y clavos.

Seguimos atados con este camelo

 

que nos ciega de la noche libre;

bella como piel de tierna joven.

El patrón opta por que no se estime

dolor. Nosotros, el bien.


Diego Colomer

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario

Ícaro cae cerca de Icaria



Por:
Rahudy Roderici
Óleo sobre tela
2023
Desde Sierraversa
Sociedad del Último Templario

 

viernes, 7 de agosto de 2026

Vacío (antología de gritos) II


 

Aquella tarde, Sierraversa amaneció bajo la lluvia.

No era una lluvia violenta. Caía con una paciencia antigua sobre los tejados, los puentes y las hojas oscuras de los árboles. Desde los bosques que rodeaban la ciudad descendía una niebla fina, y las luces de las primeras casas comenzaban a encenderse una por una.

Gonzalo Urrutia caminaba solo; llevaba su abrigo oscuro, el cabello húmedo sobre la frente y las botas hundiéndose lentamente en el barro del sendero. No tenía prisa. Nunca la tenía cuando caminaba bajo la lluvia...

Poema en prosa a mi ciudad

 



Las ventanas del autobús me anuncian como azur, se esconden los brazos de una mujer de concreto; como azur, los ojos de fuente lloran día con día. Las ventanas del autobús me anuncian como esa mujer-diosa contiene los sufrimientos y las ardillas de los parques. La vieja chancera, la joven de las manzanas y niños con volantes parecen flotar con cada disparo de fotografía que un hombre hace, tratando de olvidar sus cincuenta años de piezas de amor olvidadas.

Con cada esquina y rincón ruinoso voy atendiendo a mi deseo, mis obscuridades, mi existencia ajada de soledad.

Un pequeño sol amarillo, que cuelga del cielo raso de un tienda, parece asirse de mi atención mientras a su oído digo:

"Me gustan las estructuras que por fuera parecen casas, pero en su interior un bodega son; me llenan esas miradas tristes de las ventanas, en los edificios más altos, cuando la lluvia las obliga a mirar hacia abajo. Rio al ver como esos niños de metal y cuatro ruedas juegan a perseguirse por la calles, como luces rojas los detienen en el tiempo, para salir corriendo un segundo después. Ese edificio mayor se esconde detrás de los escudos de casas-pulga, de casas con créditos e hipotecas, con madres de alabastro y caramelo. Sí, me gustan todas estas cosas".

Mis pasos de proletariado, de multitud solemne, de amor contenido no me niegan la belleza de un hogar. A mi llegada, mi mujer es todo atención y risas; en mi noche oscura, jardines verdes, madreselvas; a mi noche, cena y cama caliente.


Colomé Bojorge

Desde Sierraversa 

Sociedad del Último Templario 

jueves, 6 de agosto de 2026

Camino (dos poemas)...


 


NO NOS NACE...


No nos nace de entre las venas,

lo sentimos dentro de ellas;

es el sudor de savia entera

y madera

cual tronco horadado de pena.


No nos nace de entre las venas.

El raicero de ellas,

insertas en la tierra-carne

del hombre mortal

horadado en la faena,


No nos nace, 

ramifica en venas 

sabio éter en fugaz pena.


VAHÍDO


Dulce niña abandonada

por el tiempo cruel,

de su cartera caída

penden la cosmetiquera,

un espejo y la soledad ajada.


El libro sin leer y aromas de a tres,

nos esperan por doquier.

Ríe... ríe niña. Por primera vez.


Diego Colomer 

Desde Sierraversa 

Sociedad del Último Templario 

lunes, 3 de agosto de 2026

OBIS o las memorias del viejo loco

 


Prolegómeno a las hierbas


A Azalea...

          Menta: fue en busca del sol, ya que en su pueblo ninguno se atrevía a mirar, ni siquiera a abrir los ojos. Caminó durante días enteros, caminó sin descanso hasta que, para él, cada segundo contenido en las horas que transcurrían era un dejà vu del anterior.

Mientras su mente repetía constantemente: "Sol, sol, sol, sol, sol…", sus piernas y pies parecían haber tomado posesión de su ser y por más que intentaba detenerse la inercia de su constante movimiento hacia adelante no cesaba.

Geranio: "Sol, sol, sol, sol..." palabras que continuaban taladrando en su pensamiento y el astro diurno no hacía acto de presencia por ningún paraje.

La extenuación pronto dio lugar a las gotas de sudor, de ese sudor que nos recuerda las tardes calurosas de verano. Pero él no se daba por vencido, el sol era su meta y no vería reposo sino hasta dar con la estrella. En ese instante una idea le asaltó a la cabeza; el sudor de su frente era una inequívoca señal que su travesía pronto conocería un final.

Higuera: ya no era su mente la que repetía: "Sol, sol, sol, sol...”, ¡era él! su deseo de encontrar el sol le había llevado a repetir esas palabras como un mantra.

"Sol, sol, sol, sol..." bendecía y gritaba. "Sol, sol, sol, sol..." gritaba y bendecía al tiempo en que, inconscientemente, su caminar se transformaba en un leve trote y que rápidamente se convirtió en los ágiles pasos de una carrera.

Huacatay: pronto, la expectativa de encontrar lo que ansiaba tanto le llevó a tener inconsciencia en sus actos e inundaba su ser con movimientos atontados y sin control: "Sol, sol, sol, sol..."

Hierba buena: el destino no pudo más. Con toda la fuerza de su correr cayó al suelo, hiriéndose la frente seriamente y un doloroso corte en ella le había llevado a sangrar profusamente... Ahí comprendió que había cometido el mismo error de su pueblo. Cayó al no ser consiente del camino que transitaba, si tan solo hubiera abierto sus ojos, se habría dado cuenta que el sol estaba allí, en frente de él...

"Sol, sol, sol, sol..." se lamentó amargamente mientras la diosa estrella apagaba su fulgor para siempre.

 

   Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario

 

I

Pero esa tarde fui empujado por no sé qué fuerza

a caminar… es cierto, podría

decir que me llevaron los gatos,

los brazos que descienden de las iglesias y los pechos de las madres,

pero la verdad está en mi pensamiento.

Las hojas de los árboles me acompañaron

a pasos lentos por la calzada. Mi pensamiento

no era otro, las hojas de los árboles me acompañan.

Bien podría decirte que las mañanas de los sábados miro caricaturas

y las tardes de los viernes paseo por Broadway, Lisboa o Salónica,

pero no quiero llenarte de anécdotas, de luces

y otros deberes…

 

Mi buen amigo. Decirte que esta historia empieza

de un modo tan simple

es como negarme a mí mismo,

como llenar el cielo azul con verde de la paleta del pintor aficionado

y te confieso que tratar de conjeturar un principio tan sencillo

embarga de pena mi alma.

No imagino a Ulises en semejante posición,

a Monsieur Dupin, descendiente de noble cuna,

siendo martirizado

por un génesis tan ordinario

pero trato de calmar mi conciencia al creer que

el inicio de toda secuoya siempre es el mismo suelo,

la tierra misma…

así que, como luz perenne, mientras mis entrañas gritaban silentes,

la casa, de un tono blanco extraño para mí,

apareció ente mis ojos. Contando historias.

Y como el viejo marinero, que en cada puerto despide

deseos, flores, recuerdos y astucias,

la casa colgaba triste de una esquina olvidada por la ciudad

colgaba de los recuerdos y las vigas, antaño lustrosas,

hoy vetustos enseres que viajan en el tiempo.

 

Empezamos por el inicio mi amigo.

Mi nombre es...

Mi nombre es... Lo siento, debí olvidarlo lejos de aquí.

Pero sí puedo decirte que soy Idrissa,

que soy sólo yo, nadie más... Perdón nuevamente,

soy yo y mi alma, aun cuando siento, en varias ocasiones,

que es una carga en mí.

II

Volvamos y te relato,

el recuerdo de aquella vieja casa esquinera. Golpeteaba

en mis sienes, en mis manos y uñas;

en mis ojos y lágrimas.

Ahora sé que Dios no está aquí,

que el UNO plotínico y el TRINO cristiano

es perfectamente accesible en la metafísica

del átomo.

Pero no te confundas amigo, aún sigo sin creer.


Sasta, un poeta desesperado

Desde Sierraversa

Sociedad del Último Templario

domingo, 2 de agosto de 2026

Azur, cuarteto I



En la noche del agua negra 

visitamos la morada, de amor protervo,

lamentable sentimiento sin legra

que tiño los ojos del cuervo. 


Pero imperante, el buscar recóndito 

aquel azur, diestra flama eterna. 

Que cae del dintel y cubre el amito, 

para gritar al Mar de Averna: 


¡Cubre las manos padecidas de la obscuridad! 

Y el pronto cobijar, del amor naciente, 

con tiznes brumosos, por manos del abad; 

lapislázuli feroces, aquel diciembre doliente. 


Clión, un Duende

Desde Sierraversa 

Sociedad del Último Templario